Diario de un entrevistador : Veinte llamadas y una realidad desesperada.
Hay una realidad más allá de las redes, de los medios de comunicación, de los grupos de Facebook, de las estadísticas y de nuestras charlas de buena vecindad virtual, cargadas de mensajes de autoayuda, bromistas de medio pelo y gurús políticos de pelo entero.
Hay una mujer subsahariana que no sabe qué dar de comer a sus hijos después de pagar 700 euros por el alquiler de un piso viejo en un barrio de extrarradio, hay una mujer con fibromialgia que más que del continuo dolor está cansada del cansancio, hay una mujer ecuatoriana que comparte una habitación en un piso con alguien que apenas conoce, hay un taxista que ha puesto el coche a la venta tres veces y otras tres se lo ha vuelto a pensar, hay una chica adolescente a la que apenas le quedan ganas de salir de casa, hay una trabajadora familiar que cobra mucho menos del salario mínimo por 35 horas semanales, hay un octogenario que reparte abrazos por teléfono después de explicar su vida en cuarenta minutos, hay una voluntaria que durante el confinamiento repartió comida entre sus vecinos, hay un autónomo que repasa los números una y otra vez esperando que en algún momento sean distintos y nuevos, hay un trotamundos que se quedó...durmiendo en la calle, hay un sanitario que confina todas sus caricias. Hay un entrevistador que se cuela por teléfono en sus vidas solo un ratito, el suficiente.
Hay una realidad valiente que no está por la política, ni por la ética, ni por la estética, ni por las témporas, ni por los culos. Simplemente no está, no se la espera y nadie hace nada por ella.
Quizá un mísero post...


