Muts y Mario
Muts
Muda la llama,callada.
Muda la ola hendida que nunca te toca,
partida.
Mudo el trino de los pájaros en la mañana,
ido.
Muda la racha de viento que enajena sueños,
ahogada.
Muda la risa yerma que se derrama,
hastiada.
Mudo el río que se desdice a cada momento,
perdido.
Mudo el llanto cobarde que se pudre dentro,
indolente.
Mudos los besos que son no dados,
huérfanos.
Mudo el silencio que grita tu nombre,
mudo.
El grito de Edvard Munch
Mario
Cómo describir la sensación que se te queda al descubrir que tu vida ha sido un engaño. Cómo asimilar que los que han sido tus padres no lo han sido en realidad, y que, en alguna parte, está la madre que te parió, si está con vida.
No hace falta ahondar en el vínculo entre una madre y su hijo ni en lo doloroso para una madre desprenderse de él. No puedo llegar a imaginar el momento. Aunque puede ser de dos maneras y no sé cuál fue la mía : si le dijeron a mi madre que nací muerto o, previamente ella me dio en adopción. El hecho final es el mismo, que alguien me envuelve en una manta y me lleva lejos del cuerpo que me ha dado la vida y, en cuyo calor, se ha formado todo mi ser material. Vete a saber si el espiritual. Vete a saber si heredé de ella o de él la afición por escribir un diario, el miedo a las alturas o la manía de ver dibujos en las vetas de las baldosas.
Siento pena por mi madre pero no pienso en mi padre. Tuvo que haber un padre, claro. Pero, hablemos claro, el acto lúdico y lúbrico de engendrar disipa toda la pena. Lo más seguro es que no quisiera saber nada. Qué típico, no? No lo veo comparable, la verdad, nueve minutos escasos de folleteo contra nueve meses de invasión casi alienígena.
Siento rabia. A veces pienso que mi vida seguro que ha sido infinitamente mejor a la que me hubiera esperado, pero no podré saberlo nunca. Acomodada, pudiente, pero llena de desencuentros, hiriente, fingida y artificial. Pero no sé cómo hubiera sido la otra.
Imagino mi otra vida y me imagino en ella ocupando un hueco vacío, como un fantasma o un amigo imaginario, aunque todo depende si fui dado o robado.
Por una parte prefiero que me dieran en adopción por que habría existido, fantasma, en la vida de mi madre para siempre. Mi recuerdo, su tormento. Pero, por otra, el dolor callado y vergonzante habrá sido insoportable. Mi madre, la de verdad. La legal no pudo llevarse el secreto a la tumba. Lo hubiera preferido. Tan de misa, tan católica, no podía llevarse el pecado con ella, debía soltar el lastre que la acercaba al infierno, y la entiendo. Si supiera..., si hubiera sabido que el infierno estaba más cerca de lo que pensaba...
Desde que lo sé, no salgo ni a colocarme, no consigo funcionar, no voy a las reuniones y, aunque el negocio funciona solo, no puedo mirar el sello que lleva mi nombre y el rótulo de la entrada sin darme náuseas.
No me conecto al Grindr ni salgo en busca de un cuerpo en el que purgar toda mi soledad, una mano que vacíe mis reservas, un culo que me cobije. Qué triste. Igual esto me hace sentar la cabeza. El amigo de Carme es mono, le tengo que preguntar si tiene pareja o, mejor aún, si es gay. Pero es que el nombre... Narciso. En fin, nadie es perfecto.
Tengo que llamarlo, a ver si ha podido averiguar algo más...
Tengo que llamarlo, a ver si ha podido averiguar algo más...


