Ausencias



Ólafur Arnalds - Only The Winds

Ausencia, 1

Estoy contenta porque te maldigo, ya sí. 

Maldigo tu ausencia
y te maldigo mil veces
por dejarme sin sentidos. 

Yo quería VERTE SIEMPRE, y ya no te veo.
Yo quería OLERTE siempre, y ya no te huelo.
Yo quería TOCARTE siempre y ya no te toco.
Yo quería OIRTE siempre y ya no te oigo.
Yo quería BESARTE siempre y ya no te beso.

De no sentirte he perdido el sentido.

Te maldigo por hacer de mí un fantasma herido.

Me bastaría un susurro tuyo
y me sobran todas las voces. 

Me bastaría un soplo de tu aliento
y me ahogo en medio de un vendaval. 

Me bastaría una sola de tus caricias
y salto al más mínimo roce.

Me bastaría una de tus miradas
y me molestan todas las demás.

Me bastaría un último beso
y ya nada me sabe igual.

Estoy contenta, porque gracias a ti, vivo, 
y muero. 

Mi pequeño maestro, mi amigo,
te maldigo, mi espejo, y a la vez me río, 
porque todos piensan que sigo aquí
y nadie sabe que me fui contigo.


Será nuestro secreto...



Evelina Oliveira

Ausencia, 2

Cómo odia las fiestas navideñas. Hace mes y medio que ya hay turrones en el supermercado, pero para Narciso es Navidad cuando se encienden las luces de la ciudad. Sostenibles, leds, bombillas leds que más que alegría dan pena, la verdad. Mira que si el planeta se salva por guardar las botellas de plástico y cambiar todas las luces por leds, qué gran hito de la humanidad...

Si hubiera tenido hijos todo sería diferente. Recuerda a su madre preparando la escudella y los canelones de Sant Esteve más por tradición que por convencimiento ni espíritu festivo. Recuerda la ilusión de abrir regalos, ir a casa de sus tíos, jugar con sus primos con el CineExin, que siempre caía en casa de los demás, el Scalextric, el Monopoly, los Juegos Reunidos, el reloj-calculadora, los walkie talkie, la emoción de estrenar un walkman, ya en los últimos reyes, antes de que su padre falleciera...
  
Consumismo. Qué bien no tener a nadie a quien regalar nada, ni a Carme, ni a sus tías, salvado por el hecho de que faltaran sus padres. Siempre se ha preguntado por qué no puede haber mantecados el resto del año, y por qué no turrones, por qué no barquillos, por qué no figuritas de mazapán, por qué no roscón de reyes. 

Debe ser por el mismo motivo por el que solo hay buñuelos de viento dos veces al año, o coca de Sant Joan una, o ética comercial ninguna... 
Una especie de concentración del deseo que te hace abalanzarte sobre el producto con lujuria y alevosía. En los turrones hay que tener uno de cada, más uno original y de sabor innovadoramente indescriptible para sorprender a las visitas. De alga nori, ¿en serio?



Salió del ayuntamiento y se dio una vuelta por el pesebre, por la representación del pesebre, por la metáfora del pesebre, por la alegórica plasmación que un escenógrafo de renombre ha tenido a bien escenificar en plena plaza de Sant Jaume: una enorme mesa de Navidad con un montón de sillas enormes y vacías, una por cada figura del pesebre. Y es que no se puede ser tradicional, hay que innovar y hacer pensar a la gente hasta dejarla con la boca abierta y el semblante pasmado. Bien. "Está bonito",  "dónde está el niño Jesús", "no se entienden las frases", "esto aquí se lo cargan en cuatro días", "qué cosa más fea", "es que no lo entendéis", "pues a mi me gusta". ... Una marea de gente pasando frío opina en una vorágine de móviles apaisados, selfies y bolsas de Zara que contonean intentando que el móvil no se caiga al empedrado y no perder de vista a los niños que ya se han subido a una de las sillas antes de que les quiten la vez.

Muy a favor de intuir, de lo figurado, y lo artístico, pero no cree que sea el sitio ni el publico, alcalde. Pesebre : dícese del recipiente donde se pone comida para alimentar a los animales. 

Llegó a casa sin ganas de hacer nada. Tenía programada la calefacción así que, al llegar, se puso el pijama finito, no es que el pijama se fuera a morir, sino que era de grosor fino y huevera al aire, y se tiró en el sofá a seguir una serie de Netflix. Entre capítulo y capítulo se prepararía algo de cenar. 

En la moto le había vibrado el móvil y antes de darle al play tuvo el arranque de mirarlo, vio las llamadas perdidas, cuatro, todas de Carme. Raro. 

Cuando la llamó y acabó de hablar con ella, Narciso se quitó el pijama, se puso el pantalón que aún no había tirado a lavar, y salió con la moto a toda leche.


- Un descanso. Un puto descanso.

Carme rehusó un abrazo más largo. No parecía triste, más bien dolida.

- Que se había dado cuenta de que esto es muy serio. Hay que joderse... Que de verdad que había puesto todo de su parte, pero la vida solo se vive una vez y se hacía mayor.

Narciso apenas pudo llegar hasta el sofá.

- Sé que hablamos de tener un hijo juntas, dice. Pero que la maternidad es muy dura, que la trato como si solo la quisiera para cuidar de la niña, que solo tengo tiempo para ella y nada es lo que era. Es que nada puede ser igual, ¿no crees? Que también es su vida y tiene que vivirla. Parece que la esté matando. ¿Tan mala soy? ¿No puede entender que lo primero siempre será mi hija? Total, que peor que un tío. Madre mía, si lo llego a saber...

- Pero,  ¿es definitivo?. No te precipites, que te conozco.

- Hombre, le he dicho que esto es lo que hay y si no está contenta ya sabe dónde está la puerta.

- Adióóós.

- A ver, qué querías que hiciera. A estas alturas con tonterias de niña malcriada no. Una tiene que saber a lo que se enfrenta cuando comparte una vida y una criatura, chico. Lo que pasa es que se piensa que tiene treinta años para entrar y salir cuando le plazca, estar siemlre de jiji jaja sin mayores obligaciones que sentarse a cagar todos los días.


- Pero os queréis, hablad las cosas. Delimitar la relación, no sé.

- Tu conoces a mis padres, llevan toda la vida juntos, llámalo conformismo, amor, lo que sea, pero siempre han sabido lo que tenían que hacer en cada momento y ser un complemento, nunca un impedimento.

- Ahora no te pillo, chica. Parece que estoy oyendo a mi madre.

- Bueno, hay que ir cambiando, la vida te cambia, tú, tú... tú...

- Yo, ¿yo no puedo entenderlo?.

Narciso sabía de sobras cuándo Carme estaba a punto de ponerse a llorar, se le ponía una cara de estar a punto de estallar, una mueca entre puchero y desespero que siempre le había parecido muy simpática, pero que ahora poco tenía que ver con la decepción de haber suspendido una oposición o no poder llegar a fin de mes sin pedir dinero a sus padres. Hoy gritaba con la mirada, pedía auxilio con las manos, se ninguneaba con el cuerpo pidiendo una tregua.

- Llevamos toda la vida luchando, de cada tres pasos, dos han sido hacia atrás, tú lo sabes... no puedo más. 

- Ai, Carmeta...

- Y lo que más me jode es darle este gustazo a mi madre. Capaz de tener su primer orgasmo...

Narciso se adelantó hacia ella ocupando un cojín más en el sofá, se puso a su lado, le pasó el brazo por encima de la espalda que se contorneaba hacia el suelo como la de un animal herido. La incorporó un poco y apoyó su cara en su pecho. Enseguida cayó en que no se había duchado. Bueno, tampoco había sudado tanto... y déjate de estupideces que esto es serio, qué infantil, no digas nada y deja que se duerma en tu pecho, cuidado con la mano, a ver dónde las deja, qué idiota, abrázala y punto, es Carme, es tu amiga, dale un beso en la frente, un poco paternalista, un poco cursi, ¿en la mejilla?, huele a bebé, eso destrema a cualquiera, venga...

Ella levantó la cabeza, atrajo la de Narciso y le dio un beso casto en los labios.

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