Caducidad, poema vomitado. Carme vuelve...





Caducidad, poema vomitado. 

Me miras y tus ojos son dos interrogantes ignorantes
no puedo ni por un segundo darte el tiempo que imploras 
en cada susurro templado que me lleva al suicidio moral. 

Muero cada día un poco más y aquí me tienes 
pegado a tu cintura muerta muerto
recostado en tu costado más lejos que nunca
a un centímetro tuyo metro y medio. 

Y vivo en la penuria de saberte cada día a mi lado y no ser, 
vivo en la ilusión ficticia de haber sido y serlo sin querer, 
me sustento de un aliento que en algún momento se fue. 

Y el filo del papel abre la herida y salen a borbotones
palabras infectadas y purulentas que se aturullan
salvajemente dichas se levantan y se vuelven a caer
pisoteadas como las hojas de un árbol caduco

caduca

caducidad. 





Oswaldo Guayasamin


Carme vuelve


Narciso se descalzó nada más entrar en casa. La casa se mantenía caliente todo el día a una temperatura estable de 18º . "Vaya despilfarro", le hubiera dicho su padre. "Déjalo", le hubiera dicho su madre, con esa complacencia propia de las madres de antes hacia sus hijos varones.

Puso una lavadora con lo que se quitó y otras prendas del cubo de la ropa sucia, de medio color, tejanos, camisetas, jerseys finos, calzoncillos y calcetines. Luego se arrepintió porque ya no eran horas de tender en el jardín. Había picado algo en el Quimet, ahora algo de fruta y un yogurt, quizá un te calentito. Se tiró en el chaise longue a ver qué hacía Carme.

- Estás?

Tardaba en contestar. Debía estar absorta en la lectura de alguna novela o mirando la tele. Aprovechó para ir a buscar el yogurt, aunque se decidió por una mandarina primero, "a la leche nada le eches", le decía su madre...

- Qué haces?
- Comiendo una manzana. Tú?
- Viendo la tele.
- Muy deprimida tienes que estar...Mañana empiezas. Te he guardado la mesa de la ventana todo este tiempo, que lo sepas.
- Gracias, amor.

Una pausa muy larga, un descanso: o la niña se había despertado o no tenía ganas de mensajitos. Marcó el número de Carme.

- Hola.
- No tengo muchas ganas de hablar.
- Ya veo. Cuelgo?
- No, no te preocupes.
- Con quién dejarás a Lucía?
- En la guardería hasta media mañana primero. Luego la irá  a buscar mi padre y le dará la comida. Poco después ya llegaré yo.
- Tienes reducción de jornada, no?
- Sí.
- Tiene que ser duro comenzar a trabajar después de cuatro meses, pero no queda otra. 
- No me importa empezar, casi está bien volver a la rutina, un poco de marcha nos irá bien a las dos. Es que... me lo había imaginado de otra manera.
- Ya lo sé. Pero casi nunca uno escoge las maneras...
- Es que no sé si voy a poder mantener este alquiler y sabes lo que me gusta la zona y ahora la guardería y que se pondrá mala más de un día y mi madre trabajando... Y, sabes lo mezquino que es abandonar el barco antes que las ratas?
- Lo sé , te lo puedo asegurar. 
- Sí, es verdad, perdona, vaya dos, dos juguetes rotos abandonados a su suerte por dos harpías egoístas .
- Oye, con Amanda no te metas tú ahora...
- Serás cabrón...  -por fin un insulto-. Que tengo el hombro desgastado de tus lamentos, blandengue. 
- Un insulto en tu boca es una flor en mi culo, jaja.
- Qué idiota.
- Hoy salí pronto del despacho y quedé con Mario por lo suyo.
- Y? Ya has dado con su madre biológica?
- Qué va. Eso es más difícil de lo que parece.
- Ya me ha dicho lo del albarán en la Clínica Lourdes.
- Sí, cree saber quién me lo ha hecho llegar, pero se quiere asegurar antes de decírmelo. Por lo visto, esa clínica ha tenido varias denuncias. Me tienes que ayudar a encontrar bases de datos. Cuándo has hablado con Mario?
- Nos mensajeamos a menudo. Además se enteró de que la rata se había tirado por la borda en marcha. Pero él no se hace con las ratas...
- Bien hecho.
- Además, le he presentado a algún ligue que otro y ya sabes que no tengo mal gusto para los hombres.
- Mario es gay?
- Ay Narciso qué cortito eres para esas cosas, chico.
- Hija, la gente no lleva un cartel en la frente, y que me da igual...
- Sí, eso decís todos los machirulos hasta que conocéis a uno de cerca.
- Será que no he tenido yo amigos gays. No te rías...
- La típica respuesta de hetero enrollado. Me mondo contigo.
- Nada. Me alegro de haberte hecho reir aunque sea para burlarte de mi. No sé ni cómo te aguanto...
- No te piques, que quien se pica ajos come. Nunca he sabido muy bien qué coño quiere decir pero ahí lo llevas...
- Pues algo que me pueda molestar si estuviera implicado sin saberlo, pero yo no soy gay ni me gusta Mario.
- Aquí ya no se trata de lo que uno cree que es. Yo tampoco me creía lesbiana hasta que conocí a Laura, y, hoy en día, paso de ponerme etiquetas.
- Así, te busco novio?
- Tú busca lo que quieras que yo encontraré lo que me apetezca  -rieron- . Me voy a la cama que mañana verás...
- Te dará tiempo de estar un poco antes para nuestro cafecito?
- No lo dudes, como siempre. Ese café es el mejor del día.
- Hasta mañana. Y si necesitas algo, grita.
- Adéu, amor.




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