Poema NO SIENDO y La decisión
No siendo
Perfecto como las alas de una mariposa,
el blanco y el negro,
Pacífico y Atlántico,
sensible y varonil,
cigarra y hormiga,
enfermo y médico,
fuego y hielo,
verdad y mentira,
guardián y ladrón,
valiente y cobarde,
santa y pecadora.
Y si la larva no quiere ser crisálida,
Y la crisálida no quiere ser mariposa,
¿en qué momento hacemos el capullo?
Viviendo, no vivir,
Comiendo, no comer,
Escribiendo, no escribir,
Y sintiendo, no sentir.
Hablando, no hablar,
Amando, no amar,
Oyendo, no escuché,
Y viendo, no te he visto.
Siendo, no ser. Y no existo.
La decisión
Narciso se despierta temprano, se ducha y baja a desayunar. No recuerda muy bien en qué lado de la realidad pasó lo que pasó y si se enfadó con Carme o cogió la moto y se fue sin subir a su casa, después de la cena, la copa y el descubrimiento del mensajista misterioso.
Piensa en llamarla pero, si hubo enfado, lo hará ella en breve. Es incapaz de estar más de medio día enfadada con nadie. En el patio hace frío y va desnudo, pero disfruta del silencio del domingo, del olor a café y tostada, del poco tráfico que se oye en la calle, sustituido por los tintineos de las cucharillas en las tazas y los diálogos aún dormidos y perezosos de sus vecinos.
Nunca le asustó la soledad, a menudo la buscaba aunque estuviera con Amanda, y esa desgana los mató.
No tenía la cabeza muy fina y decidió tomarse un naproxeno con el segundo café de la mañana, ponerse en el ordenador y escribir, retocar un poema, abrir spotify y dejarse llevar por la música. Pero no podía dejar de pensar en Carme cuando sonó el teléfono.
Vaya hombre...
- Qué haces? No te habré despertado.
- No, estaba en el ordenador.
- Metido dentro?
- Veo que estás de humor...
- No estoy mal. Ayer Laura y yo hicimos las paces cuando te fuiste.
- Así no subí a tu casa a las tantas?
- No, pobre de ti, te hubiera echado a patadas. Una noche que voy a tener sexo...
- Perdona, lo imaginé entonces. No sé, pensé en hacerlo y no lo hice.
- Me lo imagino. Esta mañana temprano me llamó Mario. Vaya un gilipollas, andar con mensajitos, no?
- Sí. Por eso pensé en subir a pegarte la bronca.
- No pensé que fuera por ahí, pensé que te llamaría y punto.
- Pues vaya marrón.
- Así, el pañuelo es suyo?
- Claro.
- Y qué vas a hacer? Es la única prueba que tiene de su madre biológica, por lo visto.
- No sé , no tengo ni idea, estoy un poco harto de solucionarle la vida a la gente.
- Pensó en un detective pero le iba a soplar la pasta y estaría años dándole largas.
- Miraré si tiene alguna base razonable y ya veré lo que hago.
- Es buen tío.
- Es lo que pensé justamente que me dirías.
- Me conoces como si me hubieras parido.
- Y como está la que has parido?
- Se la ha llevado Laura a que le dé el sol un poco.
- Ayer pensaba que cada día se parece más a ti.
- Joder, no se va a parecer a ella...
- Qué cabrona eres.
- Es que tienes unas cosas, tú también...
- Disfruta de la soledad, anda.
- Como lo sabes..., luego hablamos.
En esos días de domingo es cuando Narciso más echaba de menos los domingos en casa, en esa misma casa, pero en otros tiempos. Entonces dormía en el despacho, a pie de calle. Un domingo a aquella hora era imposible no escuchar las conversaciones de la gente al pasar y, en tan sólo dos frases, intentar imaginar todo el relato, imposible de construir a no ser que se pararan junto a la ventana un rato.
Dormir hasta tarde cuando aún el sueño era apacible, sin desvelar, virgen de preocupaciones. La única obligación en esas mañanas de domingo era sucumbir al olor a paella que inundaba toda la casa, depende, también de pollo a l'ast, depende, también de escudella y carn d'olla, depende, también de canelones.
Comer sin desayunar, salir al patio y ver a tu padre en calzoncillos leyendo La Vanguardia y esperar que te sirva un vermut, entrar en la cocina, más que por dar un beso de buenos días a tu madre, que también, por coger del armario una bolsa de patatas fritas y una lata de mejillones, no sea que el vermut se suba a la cabeza.
- Anda que esperáis a nadie vosotros dos. Yo aquí metida en la cocina, la chacha, vamos.
Por no hacer el vermut en casa, solo, se iría al Quimet pronto, que luego ya no hay mesa, y cogería la mejor, a riesgo de recibir el odio de familias que le recriminarán con la mirada que, un domingo a mediodía, ocupe una mesa él sólo. Total, que más le dará irse dentro o no venir, si puede venir cuando quiera... Ya picaría algo y se iría a echar la siesta o a ver el fútbol, no porque fuera muy futbolero, sino por que era de los que pensaba que, ya que pagaba por la televisión de pago, debía amortizarla viéndolo.
Y pensó en Mario Alemany y en el dichoso pañuelo cuando entró en el despacho y lo vio al lado del ordenador. Se lo tenía que devolver.
* Hola, Mario, soy Narciso. Me preguntaba si esta tarde podíamos vernos, te devuelvo el pañuelo y hablamos.
Contestó enseguida.
* Claro, te invito a un café.
* OK, dime hora y sitio.
* Te parece bien en casa?
* Perfecto.
* A las seis? Paseo de Gracia. Ahora te mando un maps.
* OK, hasta luego entonces...
Un vistazo al Maps le llevó a comprobar que el pájaro vivía en pleno centro de la ciudad con las vistas más espectaculares, enfrente de la Pedrera. Qué nivel... Ya le habían jodido la siesta...


