El recreo de las palabras




A menudo me gusta mirar cómo juegan las palabras 
en el patio de un poema, 
aún pequeñas y desordenadas.

Los sustantivos son de juegos más tranquilos,
a la espera de que un verbo los saque a jugar, 
tan concuerdo, tan guapo y tan bien conjugado.

Los verbos son impacientes y activos, a veces altivos,
pero acaban cediendo, porque nada es un predicado sin su sujeto.

Una M, maestra, está atenta de que todas las palabras
se vayan a casa con sus tildes y sus acentos bien puestos,
no sea que, con las prisas, se escriban sin ellos. 

En un rincón del patio andan los adverbios,
los adjetivos, las locuciones y las derivadas,
palabras con las que ya nadie se quiere juntar.

Me da pena verlas jugar solas, aburridas,
mientras neologismos y anglicismos, 
caprichosos hijos únicos de padres poco leídos, juegan sin parar. 

Me gusta pensar que un día las vendré a buscar a todas,
les pondré comas y puntos a modo de vestimenta,
y se harán mayores en los poemas que nunca leí. 

Y que cuando tenga que escribir mi última página, 
vendrán todas las palabras que usé, y,  en orden, 
llenarán la hoja en blanco con el epitafio más sincero :
"del color del papel y la tinta, un alma blanca y negra pasó por aquí".


Recreo - Petrona Viera



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