Poema "Momento" y "Después del encuentro".
Un momento
Basta un momento para construir el templo más alto,
y otro momento al instante bastará para derrumbarlo.
Entretanto, solo nos queda vivir en un continuo desahucio,
en el temblor de dos cuerpos que se abrazan fuerte,
en el caer gravitatorio de una hoja al frío de otoño,
en la piel que se eriza y se señala y se sonroja el poro
erecto al roce de una caricia impaciente,
en la palma de una mano, pequeña, que ahueca otra palma,
en la mirada cautiva y callada de un niño a un anciano,
en el hilillo de aire entre dos labios a otros labios pegados,
en el calor de una casa cuando la vida descansa y te cansa.
Nada tenemos porque todo queda inservible y yermo
cuando nos vamos.
No nos vamos porque en uno solo de sus recuerdos
alguien ha permitido que nos quedemos.
Aún no,
Aún no,
Aún no,
Aún no te vayas,
q u é d a t e u n m o m e n t o . . .
Después del encuentro
Narciso transita solo, en la soledad de una plaza iluminada por una sola farola que proyecta una sola sombra, yerma. Después de recoger la tarjeta de visita de Mario Alemany, dejó que él pagara los cafés, faltaría más, y cogió la moto hasta el puerto.
En casa de Carme miró hacia arriba por si había luz. Hubiera subido a pedirle explicaciones, pero vio todo oscuro y dedujo que Carme y Laura dormían aprovechando que la niña dormía o se amaban silenciosamente juntando sus sexos aprovechando que la niña dormía o discutían en voz baja sobre cómo había ido la cena aprovechando que la niña dormía.
A saber lo que hace una pareja cuando se cierra la puerta y uno se queda al otro lado.
Como en muchos de los cuentos de Julio Cortázar, siempre hay alguien al otro lado, siempre hay algo al otro lado, siempre hay otro lado. La realidad en dos planos, el que nos parece real y el que tendría que serlo.
Barnett Newman. Onement VI (1953).
Barnett Newman. Onement VI (1953).
En este lado, Narciso baja las Ramblas con cuidado de no resbalar con la moto por el suelo húmedo tras pasar los camiones de la limpieza. Del otro lado, Narciso sube a casa de Carme, que sale a recibirlo en bragas y se sirve un café con cara de sueño.
- He encontrado a mi acosador del WhatsApp y resulta que has sido tú quien le ha dado mi móvil, así que a ver a quién vas dando mi teléfono para que me manden mensajes enigmáticos y me sigan por la calle...
- He encontrado a mi acosador del WhatsApp y resulta que has sido tú quien le ha dado mi móvil, así que a ver a quién vas dando mi teléfono para que me manden mensajes enigmáticos y me sigan por la calle...
- Oye, para el carro que yo solo he hecho lo que me dijiste. Te ofreciste tú a seguir mis casos.
- Pero este tipo fue un caso, no lo es ahora y piensa que está metido en un lío de bebés robados.
- Mario no es un psicópata. Me pidió ayuda y no dudé en recomendarle al mejor trabajador social que conozco. Lamento que le diera por jugar al ratón y al gato… pero es un buen tío. Se portó muy bien con una paciente de Laura, se portó muy bien conmigo y seguimos hablando cuando su amiga se suicidó.
- Claro, igual le tienes que agradecer que os presentara…, o no. – te estás pasando-.
- Claro, y a ti lo que te molesta es que pensabas que tenías a una tía detrás y ahora ya no vas a mojar el churro y tendrás que matarte a pajas, para variar, no te jode…
En este lado, Narciso tiene unas ganas locas de fumarse un cigarro mientras se sienta en las escalinatas de Las Golondrinas a verlas pasar. No, a Las Golondrinas no, que ya habían cerrado…
A verlas pasar, en general. Como La Maga y Horacio en “Rayuela” que jugaban a encontrarse sin previo aviso, se dejaban encontrar sin quererlo, queriendo encontrarse sin quedar, recorriendo Point Neuf, el Quartier Latín y viendo a través de la bruma del invierno en el Sena cómo la figura del otro se hacía cada vez más real a cada lado del puente y cómo se cruzan apenas rozándose para después desandar sus pasos, entonces besándose, como si no hubiera nadie más en todo París.
Como casi siempre el otro lado es más real que este. En este lado, la noche empieza a abandonarse al alba. En este lado, dos y dos son cuatro y los primeros trabajadores del Puerto de Barcelona empiezan su jornada. En este lado, Narciso empieza a tener sueño y piensa en volver a casa. Menos mal que mañana es sábado.
En este lado, Carme sigue durmiendo, la niña ya se ha despertado y Laura le prepara el biberón con cara de tener que hacerlo ella todo. Laura hace ruido a propósito, Laura cierra el cajón de los cubiertos de mala gana, mete las copas de la cena en el lavavajillas de manera estridente y acaba por conseguir que Carme se levante, se siente en la mesa de la cocina con cara de pocos amigos y odie a Laura, la madre de la hija que ella parió, y a la niña misma. Qué difícil insultar a estas familias modernas…
En el otro lado, Mario Alemany se toma el último whisky gran reserva en el bar de un hotel de lujo, que abrirán sólo para él y dejará sin pagar para que se lo carguen en la cuenta.
En este lado, Mario dormita hace rato en un sofá orejero, mientras agujerea la alfombra con la ceniza del purito y le asoma un testículo por los pantalones cortos del pijama.
Narciso recorre Moll de la Fusta, sube Vía Laietana, gira carrer Valencia y en Padilla enfila Túnel de la Rovira. Hace fresco para ir en moto a esas horas. La deja en la puerta, entra en casa, se desnuda y se tira en la cama como si hubiera corrido una maratón. Está la casa fría y se enfunda una camiseta vieja por todo pijama. No tiene tanto sueño como pensaba y enciende el Ipad.
En Google pone “niños robados Barcelona”, y encuentra miles de resultados, blogs de afectados, opiniones de agraviados. Lee algún artículo, anota, ve fotos... clínicas privadas, públicas, Vall d'Hebron... Le da la sensación de meterse de cabeza en otra época, en los 60 y 70, en la Barcelona clasista y gris. Y entonces sí que le entra el sueño.
Le ha entrado hambre, baja a la cocina y se prepara un café soluble con leche, una tostada con mantequilla y un poco de fruta. Ya no se piensa levantar a desayunar, así que le viene bien comer algo.
Mira el móvil y casi por inercia y sin saber muy bien por qué, le da a editar contacto del WhatsApp y en el lugar de Quima escribe Mario Alemany.
En Google pone “niños robados Barcelona”, y encuentra miles de resultados, blogs de afectados, opiniones de agraviados. Lee algún artículo, anota, ve fotos... clínicas privadas, públicas, Vall d'Hebron... Le da la sensación de meterse de cabeza en otra época, en los 60 y 70, en la Barcelona clasista y gris. Y entonces sí que le entra el sueño.
Le ha entrado hambre, baja a la cocina y se prepara un café soluble con leche, una tostada con mantequilla y un poco de fruta. Ya no se piensa levantar a desayunar, así que le viene bien comer algo.
Mira el móvil y casi por inercia y sin saber muy bien por qué, le da a editar contacto del WhatsApp y en el lugar de Quima escribe Mario Alemany.
¿Le iba a ayudar? - Yo creo que sí.


