El poemario de Narciso: Barro. Relato : "El caso" .
(Inauguro una sección fija de
poemas que Narciso ha ido e irá
poemas que Narciso ha ido e irá
escribiendo, su poemario. )
B a r r o
Nos imagino de plastilina,
Te imagino de otro color, osados
nos vamos mezclando
como en un juego infantil,
La primera vez.
De dos colores, hacemos uno
flamante y sorpresivo,
imposible ya de separar.
Me imagino barro,
maleable en tus manos,
húmedo en tus huecos,
seco en tu olvido,
agrietado en tu distancia,
roto si me dejas caer.
Carne.
Piel.
Frío si no las cubres.
Frágil, no soy más,
Fuerte, no soy menos,
momentos...
Relato : "El caso"
Las noches en la ciudad ya no son como las noches en las que Narciso salía. Ahora los jóvenes quedan en plazas y parques para beber, antes de empezar a divertirse, antes de meterse en un local. Beben combinados infames de alcohol y refresco en vasos de plástico, a veces sin hielo, con la premura del que llega tarde al trabajo, con la ansiedad del drogadicto, con la negligencia del descerebrado.
Orinan por las esquinas, fornican en un banco, en el metro, vomitan su hastío en cualquier vértice de cualquier cajero, dejan sus despojos por donde quiera que pasan, improntan su déficit educacional y se recogen al alba en sus madrigueras bienestantes y burguesas, que tanto ansiaron sus mayores para ellos.
Ingratos devoradores de sueños paternos, son mirones de una realidad parapetada por la pantalla de un móvil. Egoístas, especímenes adultos de ser humano que, sin embargo, con cada generación, parecen más cachorros de un animal inútil y tonto.
Ese sábado por la noche, después de la cena en casa de Carme y su encuentro tras oír jazz en la coctelería, Narciso podía ver esa fauna en las inmediaciones de la Universitat de Barcelona. La mediocridad es mayoría, pensó. Entre los quioscos de libros viejos, donde decidió esperar a su acosador particular, una pareja se besa mientras el amigo orina en una esquina. Deciden salir de allí.
Quim, Quima, o como se llame su misterioso desconocido, y él, deambulan por Enric Granados.
- ¿De qué me conoces?. - le preguntó Narciso.
- Vamos a tomar algo y te lo explico, de verdad, no tienes nada que temer de mí, en serio.
Difícil encontrar por la zona un café tranquilo que no fuera un local de copas. Narciso jamás fue de carácter violento, pero ir al lado de aquel tipo le estaba dando grima. En un primer momento, le habían dado ganas de darle un empujón y salir corriendo, no sin antes romperle la cara.
- Aquí mismo.
Pararon en un restaurante argentino que ya no servía cenas, se sentaron en la terraza y pidieron dos cafés.
- Ante todo disculpa que te haya seguido, que te haya mandado los mensajes y te llevara al Museu Marítim a por el pañuelo. Supongo que lo conservas. No quisiera perderlo...
- Sí, pero empieza a explicarte, por favor.
- Mi nombre es Mario, Mario Alemany. Mi nombre no te dirá nada. Yo a quien conozco, y no mucho, es a Carme, tu compañera. Llevó el caso de una amiga hace años y conservaba su móvil. Yo "acompañaba" por no decir que vigilaba a mi amiga en las comidas y estuvimos en contacto un tiempo. Hace unas semanas le mandé un mensaje haciéndole una consulta y me dijo que estaba de baja maternal y que me podía poner en contacto contigo. Buscaba confidencialidad y me aseguró que contigo iba a tenerla.
- Pues haber contactado conmigo directamente. ¿A qué vienen los mensajes y las intrigas?. Qué es lo que quieres. Carme no me ha dicho nada. Es verdad que ha dado mi móvil a muchos de sus pacientes, pero...
- No podía acudir a tu despacho porque no tratáis este tipo de problemas. Si te lo propongo por teléfono, me hubieras dado largas. Decidí seguirte y darte la única prueba que tengo para hacer que el caso te pueda llegar a interesar: el pañuelo. Hubiera seguido un poco más con la intriga, pero hoy has decidido esperarme. Debía asegurarme de que quisieras conocerme.
- Pues la cosa es que pensaba que había ligado con una misteriosa admiradora, gilipollas.
- Ja ja,... nadie es perfecto.
- Aún no veo en qué te puedo ayudar y por qué debo hacerlo.
- Porque eres buena persona, tienes vocación de ayudar y te puedo recompensar muy bien. Necesito a alguien que tenga acceso a los archivos municipales, que sepa investigar y que se implique en lo que hace.
- Soy todo oídos.
- Hace pocos meses, falleció mi madre tras una larga enfermedad. Digamos que formo parte de una familia influyente y acomodada. Soy hijo único. Mi padre falleció hace años heredando yo el negocio familiar. Y, ahora, en su lecho de muerte, mi madre me dio el pañuelo que has visto. Sus últimas palabras fueron : "lo siento, hijo mío".
Habían pedido dos cafés pero tardaron en hacerles caso. Se los trajo un chico argentino, por su inconfundible acento porteño, que les advirtió que estaban a punto de cerrar, así que Mario se quemó los labios antes de poder seguir. Narciso tuvo tiempo de observarlo. Tendría más o menos su edad, pelo castaño, corto, sin barba, tez morena medio UVA, medio playa de Menorca, mocasines marrones sin calcetín, piernas apenas velludas, bermudas tejanas de marca, camisa blanca de manga larga remangada hasta el codo. Todo un pijín, vamos.
- Esa confesión fue como un relámpago al que, inmediatamente sigue el trueno. Desencadenó una tormenta en mi que no me quito de encima. Llueve hace mucho y quiero que tras la tormenta llegue la calma. - además de pijo, cursi - Basta que tengas dos pistas para que todo cobre sentido. En definitiva, quiero saber si soy un bebé robado.


