Tú y las farolas, 25 años después.




Hoy,  como entonces,  hace calor.
Hoy,  como entonces, paseamos de la mano.
Hoy, a diferencia de entonces, no abrazas las farolas buscando el frescor del metal. 
Te pueden la sensatez de la mujer madura y las obligaciones, que te arraigan al centro del sendero y no te dejan abandonarlo ni disfrutar de las vistas.

Dónde quedan las locuras juveniles, 
dónde las noches de fiesta hasta el amanecer, 
dónde queda esperar cada noche que el teléfono fijo suene, 
dónde la pizza y el cine de los viernes, 
dónde las madrugadas en el sofá, 
dónde las fotos furtivas de vacaciones, 
dónde las ganas de experimentar...

Yo te diré dónde quedan : en el fondo de cada mirada de aprobación, en cada gesto cómplice mudo, en cada sonora fusión. En el fondo de todo y en las más rutinarias formas de 25 años de matrimonio. 

Entonces,  sólo había una farola y hoy ya son 25.

Visto en la distancia, parece un camino oscuro y angosto.
Pero no lo es y entonces no nos lo parecía.
Abrazando farolas fuimos poniéndoles luz.

Imagina la escena : una pareja de la mano avanza por un sendero oscuro. A medida que sus pasos se afianzan, las farolas se van encendiendo y su luz les anima a seguir andando.

Lo que está por venir siempre es incierto,
pero solo hace falta andarlo para que las farolas se vayan encendiendo.

Piensa en cada una de las farolas que hemos ido prendiendo a nuestro paso y que han iluminado el camino. Hay una a cada lado para que no nos olvidemos de dónde está el centro y caminemos recto. 

Hay una a cada lado porque,  si una fallara, la oscuridad nos invadiría colocándonos al borde del abismo. 

Hay una a cada lado igual que no hay cara sin cruz,  ni espejo sin reflejo. 


Hay camino mientras lo iluminemos juntos con las farolas que sigues abrazando en mi mente,  aun sin saberlo. 


Y parece que te estoy viendo, como entonces. 

Hace calor, y sigues buscando el fresquito. 

Andando... 




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