Un dedo


Gustav Klimt



A Dani y Cristina


Con lo bien que estaba dentro y afuera tiene frío. 

Abre los ojitos muy poquito y sus pupilas gigantes aciertan a ver una imagen borrosa que le mira emocionada. 

Un dedo enorme se enrosca en su manita caliente y arrugada. Se agarra a él como si fuera a caerse el mundo entero. No sabe aún que ese dedo ya no le abandonará, que le acompañará mientras camina, señalando la realidad, solo un paso detrás de los suyos.

Apenas sabe respirar pero ya sabe que ese latido le es conocido y que esos brazos ahora torpes acunarán todas sus noches, tan oscuras...

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