Unaaaa, dos, y tres.
Max Richter : Dona Nobis Pacem 2
Nota : imprescindible leer con la música.
Se levanta temprano. Abre la ventana y su mar es de asfalto. Duermen. Nunca será la modelo de ningún artista, ni saldrá en la televisión.
Bebe el café a sorbos muy cortitos mientras prepara uno, dos, tres, los desayunos. Se recuesta en el alféizar de la ventana y se fuma el primer cigarrillo del día.
Abre puertas, escucha la cisterna del baño y el agua correr. Ya verás la factura del agua...la comida...el alquiler. A ver si este mes sí.
Reparte medias sonrisas mientras remueve el Cola Cao, uno, dos, el tercero sin remover.
Una sonrisa como despedida. Dos, un beso. Tres, una mirada de asco. Hasta luego.
No recuerda nunca si ha mirado el gas antes de salir, y vuelve a entrar apresurada. Uno, dos, tres, los empujones a la puerta, asegurándose de que está cerrada.
Uno, dos, tres, los cubos en el ascensor, uno cada tres pisos. Tiene que acordarse de pedir más limpiacristales.
Huir. Sola. Aún duelen... Ya no se ven, pero duelen...
Hace calor y esa bata tiene los botones muy altos. Miran. Si solo es una pierna, un muslo, un pecho, y luego un roce en el pasillo hacíendose los encontradizos. ¿De verdad?
Si hubiera podido estudiar...
La noche de autos. El aliento a tabaco y alcohol encima y la dignidad por los suelos. Una, dos, tres, las embestidas.
¿Ese era el final del camino?, como su madre, como su abuela, como su hija. Ser esposas y madres. ¿Por qué? ¿Para qué?
Se sienta en un banco del parque a mordisquear un bocata, aún tiene un rato antes de empezar en el colegio, vacío. Entre pupitres y olor a chicle, se pregunta qué estarán aprendiendo, si hoy algo habrá cambiado o los niños serán igual de crueles. Las burlas, la cartera siempre sucia de ir por los suelos como una pelota, de pie en pie. La señorita mirando hacia otro lado, el profesor mirando donde siempre...
Un, dos, tres, pica pared... nunca.
Todas las limpiadoras son mujeres.
A veces se sienta en la mesa del profesor y se imagina explicando a todos y todas que no se crean nunca superiores por nada y a nadie, que una mirada puede doler demasiado.
A todos, a ellos, que no usen su fuerza para doblegar sino para doblar, que no piensen con la cabeza equivocada, que la condescendencia también es violencia. Basta. Que piensen una, dos, tres veces, antes...
A todas, a ellas, que jamás un sí por pena o conformismo. Un no, dos y tres, bien fuertes y claros, y el cuarto será un vale con respeto. Nunca tener miedo. Basta.
Que una mano jamás vuelva a ser el verdugo de la impotencia.
Uno, dos, tres, los golpes. Ya no se ven, pero aún duelen.
Baja la calle oscura, tan oscura, deprisa, por si acaso, mirando hacia atrás, hasta la boca del metro. Baja corriendo las escaleras porque escucha el metro llegar, las luces cada vez más cerca a punto de salir del túnel. Luz.
Lo espera pegada a la pared, como si... mientras el latido del corazón lo invade todo.
Unaaa..., dos..., y tres.

