Credo y Carme, 2.
Credo
A él
Creo en el amor, todopoderoso,
que está por encima del cielo y de la tierra.
Único.
que está por encima del cielo y de la tierra.
Único.
Creo en ese amor que se engendra, amante,
y que nace cuando un hijo nace.
Incondicional.
Creo en ti, hijo, sobre todas las cosas,
creador de mis dichas y mi verso .
Omnipresente.
Creo en tus aciertos y en tus errores,
y en la manera que tratas de esconderlos.
Inocente.
Creo en la paterna misericordia
que abarca todos los fines y los confines.
Inquebrantable.
Creo en el discurso de tu mirada,
que en un instante lo dice todo.
Transparente.
Creo en lo único en lo que quiero creer,
sangre de mi sangre, querer por querer,
a fondo perdido.
Creo en la única religión posible,
y, sin creer, rezo por ti a cada instante.
Devoto.
Creo que nunca sabrás cómo te creo,
porque te creo aunque me mintieras.
Generoso.
Creo que dártelo todo no es nada,
que nada tengo, y solo tengo mi vida.
Entregada.
Creo haberte enseñado bien, de veras,
porque te miro y me gusta lo que veo.
Satisfecho.
Creo que no hay nada tan fuerte,
un amor que a la muerte desafía.
Eterno.
Anastasia Woron - Primavera
Carme, 2
- Hola.
- Hola.
- ¿Cómo estás?
- Bien.
- Pensaba que no me cogerías el teléfono.
- ¿Tú crees que yo soy de esas?
- No. Tienes razón. Perdona.
- ¿Qué quieres?... Una cosa es que te coja el teléfono y otra que me ponga a hablar del tiempo contigo.
- Ya. Solo quería saber cómo te había ido la primera semana de trabajo y cómo está la niña.
- La niña.
- Sí. Lucía.
- Sé cómo se llama. Es que por un momento pensé que era nuestra hija. Por un momento de nada que ha durado casi dos años. Pero nada, por el momento, estamos bien, Laura. Nos apañamos muy bien y, si no quieres que haga la niñería de no cogerte el teléfono, no me llames más, por favor.
- De acuerdo. No ha sido muy buena idea pero quería saber de vosotras. En serio.
- Te aseguro que no estoy de broma.
- Cuídate.
- Tú también.
Se quedó un buen rato con el móvil en la mano mirándolo como si esperara que de la pantalla saliera un informe de situación, una conclusión, un mensaje de socorro, una prueba de que todo ese tiempo con Laura no había sido en vano. En qué lugar, en qué limbo emocional se quedan las relaciones que han sido y no son. Cómo alguien que ha sido tanto ya no es, y ya no queda, y, aparte de que no esté físicamente, se va borrando del recuerdo. Qué pérdida de energía más grande. "Esta mujer tiene la facultad de vaciarme, coño. Ya lo hacía en la cama y ahora es capaz de hacerlo por teléfono".
Lucía dormía y había aprovechado para recoger algunos libros, descartar muchos, los daría a la biblioteca. De casi todos tenía ya versión ebook, una tontería seguir guardándolos. Quería tener todo en cajas para cuando encontrara otro piso, vaciar rápido y no tener que pagar un mes más de alquiler.
Era un sábado muy soleado y extremadamente caluroso para la época del año. Un rayo de sol empezaba a filtrarse por los cristales de la puerta del balcón, si es que se le podía llamar así. Carme se entretenía desde pequeña en intentar tapar el dibujo que el sol deja en el suelo. Lo tapó con la mano y notó cómo le quemaba la palma al contacto con el terrazo, ese terrazo de piso antiguo donde las baldosas van formando dibujos con ornamentos florales, color crema, cenefas. Esas puertas de madera, esas contrapuertas verdes oscuro tan grandes como las puertas, con las tablillas de madera para poder tapar la luz, alguna ya rota.
El timbre de arriba la devolvió a la realidad.
- Hola guapo. No me dijiste seguro que vendrías...
- Pues aquí estoy.
- ¿Ya has ido al gimnasio? Qué madrugador...
- Hoy no he ido, he preferido desayunar con mi amiga preferida.
- Tampoco es que tengas muchas más... Unos churritos!, qué bien...
- Tú pon el café. No habrás guardado la Nespresso...
- No, eso lo dejo para el final, con los artículos de primera necesidad.
- Pero no sé qué prisa tienes si no has mirado nada aún.
- ¿Sabes que me iban a subir el alquiler igualmente? Me voy antes de que me crujan del todo.
- Mi casa no es muy grande pero, si quieres, nos podemos apañar.
- Qué dices... Buscaré cerca de mis padres, es práctico. Ya ves, con la edad vuelvo al redil haciendo justo lo que tanto criticaba de otras pijas acomodadas.
- Todos acabamos buscando la comodidad.
- Tengo a mi padre haciéndome de agente inmobiliario, en dos días me tiene piso. El pobre... creo que lo quiero más de abuelo que de padre.
- Es un buen hombre. Nunca le he escuchado una palabra más alta que otra. Tienes suerte de tenerlos bien de salud.
- Aquí la que carga es la abuela. Qué cosa más pesada, para ella todo lo hago mal. En fin, ya la conoces...
- Cambiando de tema, ¿ dónde te metiste ayer que no estabas en el despacho a la hora de salir ?
- Ufff sí. Decidí salir antes y encontrarme con mi padre por el centro, que le quería mirar ropa a Lucía.
- Le advertiste a tu padre que llevara la Visa?
- Qué cabrón.
- Ahora me dirás que no pago él...
- Tómate el café que se te va a enfriar, anda. Y métete un churro en la boca, a ver si te atragantas.
Rieron.
Rieron.


